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La Casa Terán: Monumento Histórico de la Nación

Por Vicente Agustín Esparza Jiménez / Centro INAH Aguascalientes

En los arcos del segundo patio todavía se puede leer la siguiente inscripción: “Fue Mro. Gregorio Reyes y los arcos y Portales los labró Ro. Rodríguez 1795”.

En los arcos del segundo patio todavía se puede leer la siguiente inscripción: “Fue Mro. Gregorio Reyes y los arcos y Portales los labró Ro. Rodríguez 1795”.

LA CASA Terán debe su nombre al ilustre aguascalentense José María de Jesús Rafael Terán Peredo. Como se sabe, la obra política de Jesús Terán en Aguascalientes fue importante pero también a nivel nacional, dado que en 1862 durante la administración de Benito Juárez fue nombrado Secretario de Relaciones Exteriores por unos cuantos días para luego ocupar la Secretaría de Justicia y Fomento. Un año después, el 28 de noviembre de 1863 fue nombrado Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de México y Agente Confidencial del Gobierno Mexicano ante España e Inglaterra para tratar de conciliar los intereses de México con estas potencias que junto a Francia habían invadido el país.

¿QUIÉNES FORMABAN el linaje de los Terán? Todo empezó hacia 1750 cuando Felipe Pérez Mier y Terán, un hidalgo pobre, originario del valle de Cabuérniga en las montañas de Santander, emigró a la Nueva Galicia para establecerse en el real de los Asientos, perteneciente a la alcaldía de Aguascalientes. Pérez de Terán, formula abreviada que utilizaron él y sus descendientes, se casó en dos ocasiones, la primera con María de San Juan Serrano, con quien procreó a José Rafael; y la segunda con Rosalía Castorena, con la que concibió cinco hijos: María Teresa, María Loreta, Remigio, Andrés y Felipe. De todos los hermanos el que se distinguió fue Felipe Pérez de Terán Castorena, hacendado y comerciante de la villa de Aguascalientes, que cuando estalló la guerra de independencia en 1810 se encargó de la subdelegación y se convirtió “en el personaje más influyente, respetado y temido de la región”. Lo mismo que su padre, se matrimonió en dos ocasiones: la primera en 1787 con María Josefa Jiménez, quien le dio dos hijas, pero 1789 enviudó y para octubre de 1790 contrajo nupcias con María de los Dolores Moreno, con quien procreó a José María Jacinto, que durante la guerra de independencia figuró como capitán del cuerpo de patriotas de la causa realista.

EN 1826 Pérez de Terán murió y a partir de entonces su hijo Jacinto Terán figuró “como un honrado hombre de negocios y un fiel partidario del nuevo orden de cosas”. Para entonces Jacinto Terán estaba casado con Francisca Peredo y tuvieron por hijo a Jesús Terán Peredo, quien nació en 1821 en la finca en cuestión y en ese entonces marcada con el número 2 de calle de San Diego, la cual poseyó desde 1842 hasta su muerte en 1866. Después de Jesús Terán la finca tuvo diferentes dueños: heredaron sus hermanas porque no dejó descendencia, quienes a su vez legaron la finca a su sobrina Paz Arteaga de Terán, quien se casó con Julio Pani de descendencia italiana. Por esta razón hoy entendemos que el inmueble conserva cierta influencia de este país “en sus muros y plafones”.

LA FINCA es una de las pocas construcciones civiles del siglo XVIII que siguen en pie y por lo mismo, rescatar la historia y los usos que ha tenido el inmueble a través de los siglos resulta interesante, porque perteneció a una de las familias más importantes de fines del periodo colonial y primera mitad del siglo decimonónico. Asimismo, para reafirmar la memoria histórica e identidad de todos los que formamos la comunidad imaginada llamada Aguascalientes. Cabe decir que el estilo arquitectónico del edificio pertenece al barroco y neoclásico llamado “neo-estilo”, y la disposición de los espacios son parecidos a todas las fincas dieciochescas en los que predomina un esquema de patio central, alrededor del cual existen diferentes áreas.

LA CASA se construyó en la antigua calle de San Diego y según nuestros registros para 1694 apenas era un pedazo de tierra en la que Juana de Orozco de Santa Cruz había construido su casa por venta que le había hecho del predio el bachiller Francisco de Carasa. Tiempo después Juana de Orozco vendió la casa a Gabriela Ruiz de la Fuente sin poder precisar la fecha en este momento, aunque por un instrumento público testamentario se sabe que para 1747 ya era de su propiedad, la cual heredó su hija Micaela Gertrudis de Esparza Ruiz, quien vendió la finca el 19 de diciembre de 1760 a Diego Durón en 200 pesos y para entonces se componía de “doce varas de frente y cuarenta y dos y media de fondo, y tres cuartos, linda por el oriente con casa y pared de la dicha casa de herederos de don Antonio Joseph Emazabel, por el poniente con casa de doña Rita Jiménez y Sandi, por el norte con casa que fue de don Andrés de Lomas, y hoy pertenece a Francisco del Rivero, y por el sur con la huerta de Francisco Gómez calle de por medio”.

EN 1764 Diego Durón vendió la finca a Pedro Manuel Calera, quien a su vez en 1771 compró a Rita Jiménez y Sandi “un cuarto bajo de terrado con seis varas de claro y el fondo de cuarenta y cinco” que agregó a la finca, la cual vendió Antonio Carrera el 2 de abril de 1778, con licencia por fin y muerte del dicho Calera a favor del santanderino Felipe Pérez Mier y de Terán, capitular de la jurisdicción en el partido del Real de Asientos en precio de dos mil 12 pesos, cuatro reales. Para entonces la finca no se comparaba con las casas solariegas que estaban ubicadas alrededor de la plaza principal, como la de los Rincón Gallardo (hoy Palacio de Gobierno) o la de Juan Fernández de Palos, que “construyó una de las mejores casas de la villa, en la Plaza Real, conocida como la de los Portales en donde además de tener su tienda, vivió con su familia: su esposa y sus nueve hijos”.

SIN EMBARGO, la casa de los Pérez Mier y de Terán era lo bastante decente, cuya fábrica era “nueva y hecha a todo costo, con todas las piezas útiles, precisas y necesarias”. Como la Casa Terán era bastante modesta, a fines de la centuria Felipe Pérez Mier y de Terán Castorena mandó edificar el segundo patio y los cuartos aledaños de la finca, como consta en unos de sus arcos en los que está inscrito el año 1795. Sus constructores fueron el alarife Gregorio Reyes y el cantero Rodrigo Rodríguez, al parecer discípulos del “Maestro de Arquitectura” Felipe de Ureña.

PARA MEDIADOS del siglo XIX la finca contaba con tres piezas, cocina, despensa, sala, comedor, asistencia, zaguán y dos patios, además se le añadió otro patio o corral al fondo de la casa, aunque a partir de entonces se le hicieron varias modificaciones tanto a los elementos arquitectónicos como decorativos, arquerías en herradura y columnas en estípite.

EN EL SIGLO XX cambió con frecuencia de manos el inmueble y también se le añadieron espacios, como se señala en el decreto que lo declaró monumento histórico: “D. Enrique Flores lo fue a principios del siglo XX, después sus hijas Ma. Concepción Flores Parqman de Sevilla y Luisa Flores Parqman Vda. De Guerra. A partir del 19 de octubre de 1928, D. Ambrosio Aguilar. Desde el 25 de julio de 1939, D. Rafael Aguilar Alba, y a partir del 18 de enero de 1975, Doña Ma. Guadalupe Alonso de Aguilar, y la última propietaria es Doña Ma. Elena Esparza de Jiménez, quien informa que la propiedad se encuentra en litigio testamentario”.

EN EL ÚLTIMO cuarto de la centuria pasada la finca se encontraba en peligro de convertirse en ruinas porque no estaba habitada y el dueño no le daba mantenimiento. A fin de conservar la finca dieciochesca, así como por la importancia histórica del personaje que nació en el inmueble, el 15 de julio de 1986 se declaró monumento histórico, a partir de entonces y hasta la fecha, la integridad del edificio, así como las obras de restauración y conservación quedaron bajo la supervisión del Instituto Nacional de Antropología e Historia. En este mismo tenor, en agosto de 1991 el gobierno del estado expropió la finca por “causa de utilidad pública” a favor del Instituto Cultural de Aguascalientes.

SIN LUGAR a dudas la expropiación fue un gran acierto, dado que según el “Catálogo de Monumentos Históricos” del Centro INAH Aguascalientes, la ciudad únicamente cuenta con 36 edificaciones civiles y religiosas del siglo XVIII con valor arquitectónico e histórico. Para el año de 1992 y en conmemoración de los CXXVI años del fallecimiento de Jesús Terán, el 25 de abril se inauguró el Centro Cultural llamado Casa Terán. La rehabilitación y remodelación del edificio estuvo a cargo del arquitecto y restaurador José Luis García Ruvalcaba.

POR FINAL, la Casa Terán contiene elementos barrocos y neoclásicos, lo que la hacen una finca ecléctica. Conocer nuestros Monumentos Históricos nos lleva a crear conciencia, pues forman parte de la historia de Aguascalientes y si no los conservamos la memoria histórica se perdería, ya que sin pasado compartido no hay presente común. Lo mismo reconocer al personaje que da nombre a la finca, pues nos lleva a fortalecer nuestra identidad/es como aguascalentenses.

Fuente: Vicente Agustín Esparza Jiménez, “La Casa Terán, una finca solariega e histórica de Aguascalientes”, en Aurora Terán Fuentes y Mariana Terán Fuentes, Tras los Pasos de Jesús Terán. Ensayos en Memoria por su 150 Aniversario Luctuoso, México, IMAC, 2016, pp. 243-263.

Publicado en: Página 24

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