Leticia Cortés, Contra la Sacralidad de la Poesía

“Los Poetas no son Dioses”

Por José Antonio Neri Tello*

La poeta tapatía Leticia Cortés asegura que la poesía parte de la realidad, la cual debe reflejar | Su nuevo poemario, Cinco poemas para un hijo muerto, se encuentra actualmente en proceso de edición/Fotos: Cortesía

La poeta tapatía Leticia Cortés asegura que la poesía parte de la realidad, la cual debe reflejar | Su nuevo poemario, Cinco poemas para un hijo muerto, se encuentra actualmente en proceso de edición/Fotos: Cortesía

Entre las poetas que se mantienen activas desde la década pasada, se encuentra Leticia Cortés (Guadalajara 1980). Ella es licenciada en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara, autora de Lámparas de sueño, De tu ausencia y mis pérdidas, y Habitar la muerte. Ha sido becaria del Programa de Estímulos a la Creación Artística en el Estado.

Neri Tello: Quizá no se pueda definir la poesía, porque ello equivale a problemas de carácter filosófico y quizá ontológico a los que únicamente pudiéramos llegar a acercamientos, pero para ti ¿qué es el poema?

Leticia Cortés: El agua, las ventanas, el silencio. Todo lo que nos rodea es una unidad del poema. El poema nace a partir de la realidad que todos conocemos. Es nombrar en lo que estamos y en lo que somos.

NT: Hablando de poesía ¿qué lugar ocupa el lenguaje dentro de la vida cotidiana y cómo éste se traspasa a la poesía?

LC: El lenguaje ocupa todo en la vida cotidiana. Todo lo que está en contacto con nosotros y todo con lo que nosotros estamos en contacto dice, nos dice algo. Incluso el silencio es lenguaje. El lenguaje se traspasa a la poesía a través de la luz, en la resignificación.

NT: ¿Cómo la poesía y el lenguaje trastocan la realidad?

LC: No creo que la poesía y el lenguaje deban trastocar la realidad. Aunque en algunas ocasiones sí lo hacen. ¿Un poeta debe alterar la realidad? ¿Debe trastornarlo todo? ¿O debe nombrar lo que es y lo que está? ¿Se trata de hacer mundos en donde sólo el poeta habite y sólo él entienda lo que está diciendo? ¿O se debe hacer de la poesía un lugar en donde quepamos todos? ¿Dónde quedaría lo universal?

NT: Entonces ¿qué es lo que sucede?

LC: El poeta debe comprometerse con el lector. Hay distintos tipos de lectores, claro, pero debe hacer de la poesía algo universal.

NT: ¿Qué es lo que hace diferente el lenguaje cotidiano al lenguaje poético?

LC: El lenguaje es el mismo. El contexto es el que hace diferente un lenguaje de otro. Podemos hablar de sed y de agua en la vida cotidiana, y también podemos hablar de sed y de agua en un sentido poético.

NT: ¿Por qué es necesaria la desacralización de la poesía?

LC: Es algo que nunca debió existir. La poesía no es algo sacro. Los poetas no son dioses. No han sido tocados por ninguna musa. La poesía es algo cotidiano. Es luz.

NT: ¿Cuál es la función de lo metafórico?

LC: La metáfora consiste en crear una realidad a partir de la misma realidad que todos conocemos. Pero una metáfora puede tener muchos significados según el lector que la interprete.

NT: En Jalisco, existe una vasta tradición poética, si señalaremos los cánones que han hecho una identidad sobre la poesía que se hecho en estado ¿qué poetas o qué libros deberían de leerse para entender el canon que se ha establecido en Jalisco?

LC: Considero que debemos empezar por los legados y por supuesto que empezaría con Guillermo Fernández, Alfonso Gutiérrez Hermosillo, Hugo Gutiérrez Vega, Ernesto Flores, Adalberto Navarro Sánchez, Concha Mujica, Enrique González Martínez, Alfredo Plasencia, Agustín Yáñez y Amado Nervo.

NT: ¿Cómo fue tu incursión y desarrollo dentro del ambiente literario, en la época que comenzaste a publicar y a asistir a los talleres?

LC: Incursioné gracias a los poetas que editaban en ese entonces la revista literaria Reverso: Carlos López de Alba, Paula Zulaica, Angélica Maciel… en el 2000-2002, ellos me empujaron a participar en mesas de lectura de poesía, primero en la facultad de Letras y después en el Encuentro Internacional de Poetas en Zamora, Michoacán, que organiza el poeta Roberto Reséndiz. A raíz de esas experiencias entré a la Escuela para Escritores (Sogem), en Guadalajara, en donde tuve la oportunidad de ser alumna de grandes poetas (y ahora amigos) como Jorge Souza. También asistí un par de sesiones al antitaller de Raúl Bañuelos. De ahí salió el título de mi primer libro “Lámparas de sueño” y que se editó primero en un tiraje muy corto, casero, con portada de Carlos Larracilla, después se reeditó. En el 2005 la poeta Patricia Medina lo volvió a publicar bajo el sello de Literalia editores. El segundo libro lo publiqué gracias a la beca del Consejo Estatal para la Cultura y las artes, “De tu ausencia y mis pérdidas” y el tercero, “Habitar la muerte” con el apoyo de la Universidad de Guadalajara y Puertabierta editores. Ahora ya está en maquetación el cuarto libro “Cinco poemas para un hijo muerto”, que será un libro reversible y que compartiré con un gran poeta y amigo.

*Colaborador especial

Publicado en: Página 24

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