Entre Letras

Gus y las Estrellas

Por Carlos Alberto Sánchez Villegas *

“Aquellas constelaciones, aquellos astros, por siglos han dado consuelo y acompañamiento al hombre, por qué no poder tocarlas o viajar hasta ellas”

“Aquellas constelaciones, aquellos astros, por siglos han dado consuelo y acompañamiento al hombre, por qué no poder tocarlas o viajar hasta ellas”

“La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante.”
Jaime Sabines

EN UNA noche llena de estrellas el pequeño niño miraba con dirección a la luna, observaba la luz penetrante del ancestral satélite de la tierra. Ya era casi media noche, una hora inusual para que un niño estuviera fuera de la cama, pero eso a él no le importaba, él sólo pensaba en constelaciones y astros.

DESDE QUE tenía uso de razón, Gus siempre sintió fascinación por el cielo y las estrellas, cuando en la escuela mencionaron lo que era un astronauta se dijo así mismo que eso sería de grande. Conforme sus padres discutían cada vez más, Gus lamentaba no poder crecer lo suficientemente rápido para poder cumplir su objetivo de ser astronauta.

AQUELLAS CONSTELACIONES, aquellos astros, por siglos han dado consuelo y acompañamiento al hombre, por qué no poder tocarlas o viajar hasta ellas. Cada noche estos pensamientos inundaban la mente de Gus, no le importaba lo que ocurriera a su alrededor, él tenía el consuelo de su cielo estrellado al que podía viajar al menos en su imaginación en cualquier oportunidad.

UNA DE tantas noches al asomarse por su ventana, Gus vio algo que no podía creer, en el patio de su casa había un hombre con traje de astronauta que saludaba con dirección a su ventana, más que miedo el niño fue presa de una enorme curiosidad por lo que rápidamente bajó de su casa quedando frente a aquel misterioso individuo. Resultaba que el hombre del traje se llamaba Max y venía por el pequeño para explorar en aquel preciso momento la superficie de la luna.

A DIFERENCIA de lo que podríamos pensar el viaje no sería en cohete, sino que Max había atado una enorme cuerda en algún punto de la luna y el otro extremo colgaba justo de su mano cuando se la mostró a Gus. El ascenso fue rápido el niño ya portaba su traje espacial y poco a poco sentía el vacío del espacio que a la vez lo inundaba todo, su corazón latía con cada vez más fuerza debido a la emoción de cumplir un sueño tan pronto.

AL LLEGAR ambos a la luna no se sentía ningún tipo de cansancio; al posar su vista hacia la tierra, el niño pudo percatarse de la belleza de ésta, por otro lado, la cercanía del espacio era algo increíble, las estrellas se sentían al alcance de la mano, sólo en aquel momento Gus pudo olvidar todos los problemas que había en su casa.

LA SUPERFICIE de plata de la luna era algo maravilloso, el suelo lunar era muy suave al tacto, además uno podía dar grandes saltos y recorrer grandes distancias al mismo tiempo. Se puede decir que esa noche fue algo espectacular para el pequeño con Max compartió la merienda y juntos recorrieron gran parte del satélite de la tierra. El traje espacial era algo que le encantaba al niño, nunca pensó que podría usar uno antes de crecer.

PERO TODO lo que comienza tiene que terminar, y a la noche siempre le sigue un amanecer, antes de que éste llegara Max se despidió de Gus agradeciéndole su compañía y los recorridos que dieron juntos, el pequeño preguntó si regresaría aquella noche, pero el hombre espacial sólo contestó que eso no podía saberlo. A los primeros rayos de la mañana los dos estaban pisando el suelo de la tierra bajando de aquella delgada cuerda, al entrar el niño en su habitación volteó al exterior y sólo vio una cuerda colgando del cielo a la tierra, eso fue lo último que vio antes de quedarse dormido.

AL DESPERTAR sentía hambre por la luz del exterior se dio cuenta que ya era más de mediodía, al bajar a la cocina ésta estaba vacía sólo quedaban las tazas de café que sus padres habían usado en la mañana. Se preguntaba a sí mismo si todo había sido tan sólo un sueño, uno muy real, Gus esperó con ansias la llegada de la noche, pero cuando ésta llegó y miró hacia las estrellas no había nada particularmente extraño por lo que decidió irse a la cama, antes de apartarse de la ventana miró hacia el patio para distinguir entre la luz de las estrellas una delgada cuerda.

* Historiador, escritor y fotógrafo, egresado de la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

Publicado en: Página 24

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