Juan Dabdoub, Peón del Cardenal Robles Ortega

Por Arturo Rodríguez

Juan Dabdoub Giacomán (Foto: Archivo/ Selene Pacheco/ Cuartoscuro)

Juan Dabdoub Giacomán (Foto: Archivo/ Selene Pacheco/ Cuartoscuro)

Julio 14, Ciudad de México (apro).- En 2007, poco antes de recibir el birrete cardenalicio, Francisco Robles Ortega, entonces arzobispo de Monterrey y el más aventajado discípulo de Juan Sandoval Íñiguez –a quien a la postre sucedió en Guadalajara–, dejó clara su posición política en declaraciones y acciones:

Se proclamó en contra de la educación laica; elogió el despliegue del Ejército horas después de una balacera que protagonizaron dos militares ebrios, con saldo de seis muertos y, censuró la oposición perredista al debate energético, pronunciándose a favor de la apertura al sector privado.

En los tres años precedentes, de 2004 a 2007, había conseguido eliminar la Pastoral Social del Noreste, que agrupaba a sacerdotes de la liberación que participaron en movimientos sociales desde los setenta y que, para esos años de incremento en la violencia, organizaban refugios migratorios y colectivos defensores de derechos humanos. Robles los envió a lugares apartados y parroquias sin feligreses.

Por los escándalos de abuso sexual, el Vaticano ordenó el retiro a Marcial Maciel. Pero los Legionarios de Cristo, pletóricas sus filas de millonarios regiomontanos, intentaban reposicionarse en el autoengaño. En el Colegio Cumbres, por ejemplo, se les decía a los jóvenes que todo era mentira. El 20 de abril de 2007, se reunieron ahí 10 mil legionarios, a los que Robles les dirigió una homilía. El objetivo era salvar la orden (no dudaron en inventar un fenómeno, el Santo Niño Betito, que terminó desenmascarando el obispo Raúl Vera…otra historia)

Los legionarios y otros grupos ultraconservadores se activaron. Documenté la creación de al menos 55 asociaciones civiles que se infiltraron en consejos ciudadanos, organismos públicos y partidos políticos.

Uno de esos fue el Grupo Interdisciplinario de Apoyo a la Mujer, cuya dirigente, Norma Treviño de Villarreal, elaboró la iniciativa de Ley de la Familia. Poco conocida en el ámbito público hasta entonces, Treviño fue expositora en la Conferencia del Episcopado Latinoamericano, en Aparecida, Brasil, donde expresó:

“Hago un llamado a todos los hombres y mujeres de buena voluntad para no dejar este campo (la familia) en manos de los lobbies de género y homosexualismo que se originan desde los organismos internacionales y llegan hasta nuestros pueblos para someterlos”.

La iniciativa fue respaldada por otros grupos, como Familia Mundial, presidido por el empresario Juan Dabdoub Giacomán, que realizó una campaña homofóbica. Robles Ortega expresó, a pregunta de los reporteros que sabían él estaba detrás de la iniciativa: “No la conozco; pero la respaldo”.

Iniciativa homofóbica, pretendía reconocer sólo la familia tradicional y, planteaba incidir en el proceso educativo. El PAN la mayoriteó en el congreso, aun cuando el activista LGBTTTI, del Colectivo Nuevo León Incluyente, Mario Rodríguez Platas, descubrió que el articulado era, literalmente, una encíclica papal con números. Entonces gobernador, Natividad González Parás, la vetó.

Ahora, una década después, como presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Robles Ortega, ha hecho lo mismo que entonces y con el mismo Juan Dabdoub. Todo inició en septiembre de 2014, cuando el presidente Enrique Peña Nieto presentó la iniciativa de Ley de Niñas, Niños y Adolescentes, que fue intensamente mejorada por la REDIM y organismos multilaterales, hasta quedar en un ordenamiento de avanzada que, entre otras cosas incómodas para los conservadores católicos, preveía educación en la diversidad, libre desarrollo de la personalidad y no violencia. La CEM, y luego los grupos como el de Dabdoub, interpretaron que eso era decirle a los niños que podían ser homosexuales, dejar que lo fueran y no poder castigarlos (la Biblia dice que un padre amoroso disciplina con vara, o sea, a golpes) por serlo.

De ahí surgieron los eslogan “no te metas con mis hijos”, “es mi hijo yo lo educo” y otras expresiones públicas que se acompañaron de un severo hostigamiento a senadoras –como la priísta Diva Gastélum–, luego a diputadas y diputados locales, incluyendo amenazas de muerte y acoso a hijos en colegios, cuando se realizó la homologación en los estados, señaladamente, en Sinaloa, Puebla, Jalisco y San Luis Potosí.

No es todo. Más allá del autobús naranja, en la cumbre de la Organización de Estados Americanos, en Cancún, ese tipo de grupos estuvieron presentes y activos en todas las mesas; el secretario de Educación, Aurelio Nuño, ya los incluyó en la elaboración de los nuevos libros de texto, pues desde hace meses sostiene que deben participar los padres de familia, lo que se traduce como la participación de la Unión Nacional de Padres de Familia que, como ha documentado el periodista Álvaro Delgado, se trata de una fachada de la Organización Nacional de El Yunque, de la que Juan Dabdoub es miembro.

Robles Ortega puede convertirse en arzobispo primado de México sucesor de Norberto Rivera quien aún no se quiere jubilar. El activismo del primero, ha desatado una lucha en la jerarquía mexicana de la que me ocuparé en otro momento, pero baste decir que a ello atiende un repliegue en la agenda conservadora de Rivera y sus obispos, en oposición al grupo de Robles.

 

 

Publicado en: Página 24

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