“Silencio”, Cuando la fe se Resquebraja

Por Fausto Ponce

“Silencio” es un drama épico-religioso basado en la novela del escritor japonés Shushaku Endo, que narra el viaje de dos misioneros jesuitas a la tierra del denominado Sol Naciente en la segunda mitad del siglo XVII (Foto: Cortesía)

“Silencio” es un drama épico-religioso basado en la novela del escritor japonés Shushaku Endo, que narra el viaje de dos misioneros jesuitas a la tierra del denominado Sol Naciente en la segunda mitad del siglo XVII (Foto: Cortesía)

Marzo 15, Ciudad de México (apro).– Dirigida por Martin Scorsese, la película “Silencio” (“Silence”, 2017) es una historia cruda que gira en torno a diversos sacerdotes católicos que se aventuraron a Japón en el siglo XVII, cuyos destinos estuvieron cu­biertos de fatalidad.

Por momentos sumamente profunda, pero con fallas importantes en su discurso y es­tructura que la vuelven tediosa, la película comienza con dos sacerdotes católicos de la orden Jesuita, el padre Rodrigues (Andrew Garfield) y el padre Garupe, quienes desean ir a Japón para encontrarse con el padre Fe­rreira (Liam Nesson), de quien, se dice, ha fracasado en su misión: se ha convertido en un apóstata y vive bajo la tradición japonesa con todo y esposa.

Y es que resulta que las autoridades japo­nesas han realizado terribles matanzas de cristianos. Ninguno de los dos padres puede creer esta versión, pues saben del amor de Ferreira por la religión; finalmente es un hombre que ha inspirado a muchos fieles, por lo que piden permiso para ir a Japón a buscar a su maestro y a cuidar a los fieles japoneses que practican la fe a escondidas.

Cuando ambos sacerdotes llegan a su des­tino se darán cuenta del poder de la fe en los habitantes de la isla; pero también deberán aprender que para todo existe un límite.

Con una fotografía espectacular de Ro­drigo Prieto, la historia nos lleva a una profunda caverna que nos hace cuestionar nuestras creencias; no se tiene que ser ca­tólico para contactar con esto, simplemente nos confrontará con nosotros mismos y nos hará reflexionar si nuestra creencia en algo es en realidad producto de la soberbia cuyas consecuencias traen dolor y sufrimiento.

Lo anterior es un gran acierto de la cinta, desgraciadamente pierde mucha fuerza puesto que tanto el discurso de los misione­ros y de sus detractores se halla en un nivel sumamente básico, que la mayoría de las veces nos hace pensar que tanto uno y otro bando son unos locos, y que el mundo viviría mejor sin religión.

Silencio falla en su misión por transmitir de manera efectiva su mensaje; al final gana la ambigüedad, plagada de preguntas sobre la firmeza y convicción de los personajes ¿Eran santos? ¿Eran hombres ejemplares? ¿O sólo unos fanáticos religiosos más? Y yendo un poco más allá de los personajes, uno se pregunta si la película es una crítica a la religión y a su fe ciega o el homenaje a unos iluminados.

Al final, la balanza se inclina a que todos fallaron, desde la iglesia católica y su postura soberbia; los misioneros en su inconsciencia; los japoneses cristianos por su fanatismo ciego, y hasta el mismo director de la cinta. Así pues, los que “ganan” son los japoneses que apoyaron el régimen de terror que se instauró en contra de los cristianos, al doble­garlos y hacerlos callar en un mar de silencio y sufrimiento debido a su propia soberbia.

Publicado en: Página 24

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