Sergio Fongo, Literatura del Barrio para el Barrio

Escribiendo desde la marginalidad (Parte I)

Por José Antonio Neri Tello*

Sergio Fong es uno de los escritores tapatíos marginales más importante de la actualidad. Su trabajo en pro del arte y la cultura de las calles ha dejado una huella profunda en la ciudad/Foto: Cortesía

Sergio Fong es uno de los escritores tapatíos marginales más importante de la actualidad. Su trabajo en pro del arte y la cultura de las calles ha dejado una huella profunda en la ciudad/Foto: Cortesía

Sergio Fong es uno de los personajes más importantes de los movimientos contra-culturales que se han vivido en Guadalajara desde los años ochenta. Ha sido partícipe de cuatro proyectos, dentro de la marginalidad, de vital importancia para el municipio: la revista BUSH, que proponía una unión entre los barrios del Sector Hidalgo, en los años ochenta; la editorial Alimaña Drunks, una editorial alternativa que publicó los primeros poemarios de autores como Lalo Quimixto, Adriana Leal, Enoé Erendira y EnriqueG. Gallegos; entre otros proyectos. Fue parte activa del nacimiento del Tianguis Cultura, y actualmente lidera el proyecto editorial La Rueda Cartonera.

Neri Tello: Quizá no se pueda definir la poesía porque nos meteríamos en problemas filosóficos y ontológicos, pero ¿cómo podríamos definir el poema?

Sergio Fong: El poema es un vehículo donde transportas el sentimiento, la intención del poeta, para llegar al otro y no precisamente con un rollo intelectual, en el sentido de la lectura, sino información, una comunicación más de coraza a coraza, de corazón a corazón, de sentimiento a sentimiento. Hay un choque entre cómo se está escribiendo la poesía, esa es una manera de entender la forma o el sentir de la poesía, y la otra es la decadencia en el “Ser”;  el ser social, el ser humano, hay una líneas distantes. Muchas veces el poeta tiene la intención de ser estrella, yo voy a poeta porque quiero ser exitoso en el sentido de ser una estrella. La otra es ser un “sanquintin” o payaso de circo para atraer, pero pienso que se pierde la intención de la poesía. Yo como consumidor de poesía, quizá pueda preferir en lugar de leerla ir a un circo, no sé si a ver, reflexionar o escuchar poesía o entender el sentimiento del otro en el mío.

NT: En ese sentido ¿Los performance, los Slams pudieran caber en eso?

SF: Todo lo que no es poesía es Slam, todo lo que no es poesía es performance. ¿Qué son los aforismos? Pues eso. Si hay nuevas maneras y muy interesantes en el sentido de la cultura, de cómo brotan, como brota el hip hop, como brota el perreo, son manifestaciones de liberación, de expansión de los espíritus colectivos, sociales, o como los quieras llamar, que probablemente puedan tomar elementos de la poesía, pero no es poesía. Puede que tengan elementos o algún síntoma.

NT: Desde esa perspectiva, entonces, ¿son necesarias este tipo de manifestaciones aunque no sean lo poético?

SF: Claro, cualquier manifestación del ser, hablando de la decadencia. Es importante la comunicación porque se está perdiendo, incluso estas ondas que hacen con los teléfonos, el internet son necesarias. Sí, al final de cuentas, llega a tener en esencia comunicación que todo arte debe de tener, todo sentido humano debe de tener, es importante. Tan importante es el graffiti como los murales que hacía Diego Rivera. Ese tipo de manifestaciones debe de existir y van cambiando, igualmente podríamos decir que los slameros y performanceros algo tienen de los juglares, pero nada más en el sentido que están en la calle.

NT: Pensando desde la marginalidad, ¿qué es lo que hace diferente el lenguaje cotidiano al lenguaje poético?

SF: El poeta  escribe sentimental o visceralmente, después existe la posibilidad intelectual de reflexionar sobre el poema y ordenar ese sentimiento dentro de la forma o la estructura del poema. Primero está la intención de escribir más que la intención de escribir un poema.

Después hay códigos, símbolos y nos entendemos por estas maneras de ser en la palabra escrita. En el sentido del lenguaje, yo encuentro en la jerga, en el caliche, en lo urbano; signos que deliberadamente tienen otros significantes, pero esos significantes se enredan con otros significados o con otros significantes reales para lo que fueron hechas esas palabras y generan metáforas, recoges tal cual lo que dice la gente del barrio, del tianguis, de la cuadra y tú te quedas pensando en lo poético de sus frases, y de ellas sacas otra frase y puedes conjuntarlas. Todos hemos experimentado hibridaciones y esa es la tarea del escritor. Hay cosas tan simples como los chistes de pepito, que te ponen a reflexionar a veces si los ves desde lo psicológico, y si los ves desde un punto de vista poético también puedes encontrar algo. No quiero decir que todos los chistes son poesía, pero sí hay poetas chistosos. Hay que hacer una separación entre lo marginal y lo marginado, quizá alguna vez fuimos marginados, pero la palabra marginal dice que nosotros mismos nos salimos, nos hacemos a un lado para crear un propio estilo, el lenguaje nos tiene que dar una identidad, yo no quiero escribir como muchos compas que conozco, sino de una manera distinta. Provocas que otros digan; este escribe así y yo también lo voy a intentar. En el abanico de la poesía hay una infinitud, como dice una persona del barrio, hay tanta poesía como poetas en el mundo.

NT: Tú comenzaste a publicar en los años ochenta, ¿qué pasaba en esa época, cómo fue tu generación, que tenían en común? Para poder entender un poco la marginalidad de esa época.

SF: Cuando yo estaba morro entendimos que había una guerra civil, un movimiento social muy cabrón, yo tenía diez años y había bombazos. Uno sabía que había cabrones que no querían al gobierno y actuaban como el gobierno los nombraba: terroristas. Yo tenía 10 años y los rumores de la prensa, de la gente siempre con ese rollo. Después encontré gente que participó en esos rollos, dentro del sistema y fuera del sistema, gente como tú y yo, que se conocían de chavos y que cuando ya tenían veinte años se encontraban con una pistola enfrentándose. Yo vivía en un barrio que fue partido en dos, por la construcción del tren ligero, tenía que pasar la construcción del tren ligero y atravesar un río para ir a juntarme con los amigos, la secundaria, la preparatoria, en el mero ochenta, conocí a dos o tres compas del barrio que sus papás eran lectores, mi papá también era lector y tenía un hermano que también era lector, entonces comenzamos a prestarnos libros de José Pérez Chowell, Agatha Christie, lo que nos pudiera hacer volar, allí entre el cotorreo se hablaba de gente de choque y de gente intelectual. Como barrio, había alguien que pensaba y gente que se partía la madre. En la prepa ya escuchabas que había grilla, que había política que podías ser el presidente de la sociedad de alumnos de la prepa, y algunos compas fueron presidentes de la prepa 6, o en la prepa 1,  y comenzamos a conocer más gente, nos juntábamos fuera de la escuela, afuera de las casas a hacer bola, barrio, pandilla, y sacábamos las liras, nos aventábamos unas rolas, y había quién se aventaba un poema. Pero nos faltaba más, la escuela era muy poco. Había quién iba al cine y nos decía, ¿ya vieron la película de Jodorowsky?, y a veces nos íbamos en bola al cine. En una ocasión nos tocó ver la película The Warrior, salimos del cine y un cabrón nos dijo `si torcieron el pedo, les falló a los compas por pendejos, si hay que hacerla, hay que hacerla bien, que se haga la unidad de las bandas pero que salga bien´, entonces ese rollo nos hizo pensar, había bandas y barrios peleándose entre sí, grupies o fans de una banda de rock contra grupies de otra banda de rock, en una de esas a unos compas le aventaron una bomba molotov, un chavo se murió y tres quedaron prendidos, y uno de ellos le decíamos “El Tambo”, que por cierto salió del hospital e ingresó al psiquiátrico, nosotros teníamos un club bohemio, tocábamos rolas, escribíamos literatura, y de allí un día llegó el Tambo, teníamos como 22 años y él 17. Yo les propuse hacer una revista, nos prendimos, unos hicieron ensayo, otros unos poemas, otros consiguieron dibujos, y creo de allí detonó La nave del BUSH (Barrios Unidos de Sector Hidalgo), que hicimos 1000 ejemplares sin saber lo difícil que era venderlos, pero lo más curioso es que los chavos de la secundaria del barrio, que los chavos de la preparatoria del barrio se llevaban esas revistas a la escuela y las presumían; mira la revista que hacemos en el barrio, y les empezaron a decir los BUSH, y las revistas se vendieron, fue muy chido porque después, por ondas del Che Bañuelos, nos invitaron hacer Radio en la Universidad de Guadalajara, para ese entonces ya habían llegado gente de otros barrios, las cosas se iban perfilando hacia una identidad cultural donde los elementos eran la manera de manifestarnos, el mural, los grafitis, los tatuajes, la literatura de la onda, buscábamos y encontrábamos en las librerías de usado autores como Raúl Bañuelos, Raúl Ramírez, Ricardo Castillo, Enrique Macías, que ya hacían ya sus plaquetitas y decíamos, `mira, no escriben tan mal´, en el sentido de que no hacían sonetos perfumados de los que nos enseñaban en las escuelas, es un poema que hacemos nosotros, empezamos a escribir con el lenguaje del barrio y nos comenzamos a criticar, a generar una estética muy nuestra. En esa época conocí a Salvador Rodríguez, que es un gran pintor, un poeta de la pintura, yo veía en sus cuadros lo que yo quería decir en los poemas, y empecé a entender todo este lenguaje que no solo era literario, que estaba muy cerca de la pintura, y de las letras de rock. En la revista hacíamos traducciones de Morrison, de Lennon al español y los chavos decían, `mira no está tan pendejo ese Bob Dylan´. Eso contribuyó a que los chavos del barrio leyeran, era literatura del barrio para el barrio.

*Colaborador especial de Pagina 24 Jalisco

Publicado en: Página 24

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