“Pasajeros”: Amor en el Espacio

Por Luciano Campos

Pratt y Lawrence forman una improbable pareja en el fin del mundo. Demasiado bellos para ser reales (Foto: Cortesía)

Pratt y Lawrence forman una improbable pareja en el fin del mundo. Demasiado bellos para ser reales (Foto: Cortesía)

Diciembre 30, Monterrey, Nuevo León (apro).- La película “Pasajeros” tiene, como la galaxia en la que se desarrolla su historia, enormes espacios vacíos.

Aunque se presenta como una aventura interestelar es, básicamente, una historia de amor en un contexto futurista y con una impresionante exhibición de arte escénico.

La premisa es inquietante y sumamente atractiva: en el trayecto a un destino planetario lejano, un hombre despierta en el interior de una nave donde hiberna junto con miles de pasajeros.

Sin embargo, despierta 90 años antes de concluir el viaje.

¿Qué puede hacer en todo ese tiempo que tendrá que viajar acompañado de cuerpos en animación suspendida? El realizador Morten Tyldum optó por concentrar toda la atención en el efecto más que en la sombría prospectiva de un náufrago espacial.

Desde el inicio hasta el final de la odisea se privilegia el espectáculo del cuidadísimo diseño de los escenarios futuristas, postmodernos y absolutamente confortables, para convertir la estancia de los inquilinos en una excitante travesía de placer.

Junto con el diseño de interiores aparece una asombrosa recreación de los exteriores en el espacio, con una bella fotografía, acompañada de impecables efectos especiales.

El deleite visual se convierte en una golosina adictiva para Tyldum, que encadena imágenes maravillosas en el inicio del viaje de pesadilla del durmiente que despierta anticipadamente.

Pero relega la historia, que comienza tarde.

Chris Pratt es el protagonista que encaja perfectamente en un dilema moral de complicada definición. Su único acompañante es un robot humanoide, racional y frío. Necesita compañía, preferentemente femenina.

Y si es Jennifer Lawrence, muchísimo mejor. Como la única persona consciente en el colosal crucero, que es como una ciudad flotante, tiene a su disposición todos los recursos y todos los pasajeros se encuentran a su merced.

Es el amo del universo itinerante. Las decisiones que toma son trascendentales para todos. Pratt y Lawrence forman una improbable pareja en el fin del mundo. Demasiado bellos para ser reales, viven una relación perfecta en medio de la nada.

Las estrellas son testigos de su encendida pasión… hasta que llegan las esperadas revelaciones. Extrañamente, una película de gran presupuesto se convierte en una anécdota romántica. Es lo mismo que hayan surgido el amor y las decepciones en esta nave intergaláctica, o en un crucero en el mediterráneo, o en un departamento en Nueva York.

Le agrega muy poco a la historia el hecho insólito del aislamiento. En realidad, lo que cuenta es que ella está despechada y él necesita reconquistar su cariño.

No lo merece, claro, porque, independientemente de su necesidad de socialización y de su innegable nobleza personal, cometió un error y se comportó como un cerdo egoísta. La subtrama, creada como clímax, en la que la pareja debe unir fuerzas para rescatar la nave, es mucho menor y de reducido suspenso.

Desde el inicio se vende un misterio sobre las causas que motivan el prematuro despertar. Sin embargo, quedan numerosas respuestas en el aire y la sobredimensionada expectativa se desinfla sin aportar una resolución satisfactoria.

Andy García tiene un papel en la cinta, pero tan diminuto que parece una fotografía colgada en la pared, exhibida durante escasos segundos.

“Pasajeros” es una película visualmente excelsa, pero tristemente superficial.

 

Publicado en: Página 24

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