Desde El Globo de Shakespeare

Por Indira Cat

Diciembre 22, Londres, Inglaterra, (apro).– A 400 años de su fallecimiento, el dramaturgo más importante de la historia, William Shakespeare, es recordado con mayor intensidad que nunca en su país.

Cada rincón de Londres tiene motivos en torno al autor de Romeo y Julieta. Por ejemplo, en el callejón St. Andrew´s, el pub Cockpit se vende al público como “la casa donde vivió Shakespeare.” Pero sin duda el lugar más emblemático es The Globe (El Globo), espacio donde presentaba sus obras. Se trataba de una estructura circular de madera con el techo abierto, situado en el corazón de la capital inglesa, a la orilla del río Támesis. El teatro en ese entonces era el entretenimiento general. La gente comía, bebía y gritaba mientras transcurría la escena. Por supuesto, no había ni una “fierecilla domada”.

La mayoría apreciaba la puesta de pie; otros, más afortunados, podían darse el lujo de una banca. Los aristócratas aprovechaban para ver y hacerse ver, sentándose en los palcos laterales. El aclamado dramaturgo escribía constantemente nuevas obras y mantenía siempre el teatro a reventar, hasta que en 1613, durante la representación de Todo es verdad, se disparó un cañón durante la escena que provocó un incendio.

Nadie resultó herido, aunque el inmueble no sobrevivió. Pero como “a buen fin no hay mal principio”, en 1949 el actor y director estadunidense Sam Wanamaker llegó a Londres y decidió hacer una reproducción lo más fiel posible del espacio original.

Se hizo entonces una exhaustiva investigación para definir el espacio “medida por medida”, y se utilizó el mismo tipo de madera para su reconstrucción.

Ahora tiene además un museo y otro foro cerrado, llamado el Sam Wanamaker Playhouse, donde se representan obras durante el invierno, ya que en el indescifrable clima inglés “la tempestad” puede acaecer en cualquier momento.

Hoy en día El Globo ofrece representaciones de obras de Shakespeare montadas por grupos de varios países –con una infinidad de estilos y nuevas lecturas–, para público que viaja desde cualquier rincón del planeta a visitar la O de Madera en busca de vivir el ancestral entretenimiento local.

Las dificultades de este espacio no acaban. Y aunque el clima londinense sigue siendo todo un reto para llevar a cabo los espectáculos, ahora las interrupciones no vienen desde el público, sino desde el cielo, desde donde –además de los dioses– se manifiestan los aviones que sobrevuelan en forma constante el foro.

Sin duda, lo que Shakespeare escribió fue para su lugar y su tiempo, pero sus palabras resuenan en todo instante.

Sus textos son universales porque trascienden las temáticas y las épocas, porque nos hablan de lo humano, exponen las partes más sensibles del ser y nos invitan a pensar nuestra realidad.

El Globo, hoy, es un espacio para ser recordado, pero también para producir un teatro que resuene con el aquí y el ahora.

Sin duda, “un sueño de una noche de verano” sería contemplar una puesta en este lugar para viajar en el tiempo.

Pero… “como gustéis”.

 

Publicado en: Página 24

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