La Columna del Diablito

Alfredo Reyes Velázquez ...el albercazo en Vallarta... | Carlos Lozano de la Torre ...“el cobro de facturas”... | Martín Orozco Sandoval ...saltan inconformidades...

Alfredo Reyes Velázquez …el albercazo en Vallarta… | Carlos Lozano de la Torre …“el cobro de facturas”… | Martín Orozco Sandoval …saltan inconformidades…

* UNA, DOS Y… ¡TRES! ¡COMENZAMOS!
CÓMO HAN PASADO LOS AÑOS…

Cerca de 30, sí, pero siempre he tenido presente la sabiduría y reflexión de un personaje cien por ciento aguascalentense (que no hidrocálido): Jorge Yungtingping Marmolejo, exitoso empresario fabricante de muebles para oficina y restaurantero, entre otros: “Los cargos públicos son para hacer amigos, no enemigos”.

En cierta ocasión acudí a entrevistarlo en sus oficinas de la presidencia municipal y lo encontré con una montaña de papeles sobre su escritorio: eran cientos o tal vez miles de recibos de agua potable que el propio alcalde Héctor del Villar Martínez (1987-1989), consideraba impagables porque muchas personas se hacían zorras para no pagar y otras tantas no tenían dinero para ponerse al corriente.

Pero Jorge escuchaba a la raza con mucha atención y día con día –él no era de miércoles ciudadano– recibía a decenas de personas que, requerimiento en mano llegaban en busca de solucionar el problema:

Don Jorge, es mucho dinero el que se me ha acumulado por el agua y la verdad no puedo pagarlo porque bla, bla, bla…”, le decían.

–A ver, ¿cuánto trae usted para pagar su deuda?–.

“Pues 80 pesos nada más”

– A ver rásquele bien por ahí debe de traer otro billetito–.

“¡Ah mire, salieron otros 10 pesos!”

– Bien –firmaba Jorge el documento– pase a la caja a pagar.–

“Gracias, don Jorge, muchas gracias”, le respondían.

Y así era todo el tiempo. No había problema alguno que Jorge no resolviera en un dos por tres, por eso era el funcionario que más brillaba en el trienio de Héctor del Villar.

Me explicó por qué lo hacía:

–Mira, estos recibos tienen muchos años, son cartera vencida que nadie quiso o pudo pagar, entonces lo que estamos haciendo es tratar de recuperar algo de lo mucho que está como incobrable.

–Creo yo –continuó– que la mejor manera de lograr algo en beneficio mutuo, es recibir a la gente, escucharla con atención y, entre ambos, resolver el problema. Estos cargos públicos, Ramiro, son para hacer amigos, no enemigos. Ayudas a la ciudadanía a resolver el problema, entra dinero a la tesorería, y la gente te lo va a reconocer siempre.

Y sí, la gente le agradecía, más que por aquellos descuentos, por su forma de conducirse con respeto y comprensión: por donde quiera que Jorge iba era un saludadero: “Don Jorge, buenos días; don Jorge, buenas tardes; don Jorge, buena noches…”.

Tengo años que no lo miro, pero cuando veo a algún amigo común le preguntó por él y me contesta: “Don Jorge sigue igual: escucha, aconseja a la gente y muchas veces le resuelve su problema, es un tipazo”.

LA DIFERENCIA…

Años después Alfredo Reyes Veláz-quez “El Mosco”, cobijado por las siglas del Partido Acción Nacional (PAN), llegó a la presidencia municipal 1996–1998 y actuó como tal: molestaba a todas horas y sangraba a la gente de la forma más “ojete”.

Hay quien dice que desde entonces perdió la cordura: lo mareó el poder.

Alfredo dice que no, que el pode no lo mareó y en una conferencia de prensa, después de pasar unas vacaciones en Puerto Vallarta, Jalisco, semanas antes de asumir la alcaldía de la capital del estado, contó su desgracia: “Me puse el traje de baño y me dirigí a la alberca del hotel, pero no me di cuenta que tenía poca agua, entonces me eché un clavado y me estrellé de cabeza”, el albercazo, pues, es el culpable de la pérdida de cordura: quedó loco, actuó como tal y así sigue.

“¿Tú de qué medio vienes?” –preguntaba al iniciar cualquier conferencia de prensa así fuera banquetera–, si era reportero de Página 24 o de TRIBUNA LIBRE, “El Mosco” se alocaba: “No a ti no te contesto ninguna pregunta”.

¿Así o más loco?

“Haiga sido como haiga sido” (Felipe Caldeón dixit), esa locura o borrachera de poder, Alfredo se lo endosó a su gente toda: “los gobernantes ojetes actúan como emperadores y creen no tener fecha de caducidad”.

Hace algunos años, platicando con el exalcalde Felipe Reynoso Jiménez, en su rancho, me confió algo que todavía al recordarlo suelto la carcajada:

“En el primer año de gobierno de Alfredo Reyes, llegó a mi domicilio el cobro del impuesto predial con un aumento muy considerable.

“Me sorprendió la cantidad y me dije: seguro que es un error y fui a ver el tesorero que me recibió y contestó secamente: ‘…no, licenciado Reynoso, no hay ningún error, el impuesto predial está bien calculado porque su rancho ya es propiedad suburbana y pues tiene que pagar más de impuesto predial’”.

–Tal vez tenga razón, pero el aumento es desorbitado e injusto–.

“Pues sí, pero ahora así son las reglas (sic) y tendrá que pagar el aumento y no, no hay ningún descuento: licenciado, tendrá que pagar o viene el embargo”

Don Felipe se le quedó viendo a los ojos, hizo el intento de retirarse pero volvió los pasos y, frente al tesorero, alzó el recibo del predial a dos manos, lo rompió y lo lanzó al escritorio:

“¡Que se lo pague su chingada madre, cabrón!”.

Y durante los tres años que duró el gobierno del loco “Mosco”, don Felipe no pagó predial, sino hasta que llegó el siguiente presidente municipal.

Mucha la diferencia entre ambos tesoreros municipales, ¿verdad?

TERMINA UN SEXENIO…

Y comienza otro: 2016–2022.

Ayer dejó de ser gobernador Carlos Lozano de la Torre “El Patrón”, y desde los días previos comenzaron a in-crementarse los reclamos y los denuestos: en redes sociales lo han estado vomitando: lo culpan de todo lo malo hasta convertirlo en un monstruo.

“Traidor, desleal, vengativo, perverso, represor, cruel, mentiroso, farsante, tirano, apátrida, corrupto, ladrón, farsante, hipócrita, cínico…”.

Y razón no les falta: Carlos perdió el piso, el poder lo mareó de principio a fin de su sexenio.

Fueron seis años de borrachera: el poder lo mantuvo embriagado y, como Ga-bino Barrera, “nunca entendió razones”.

Todo le molestaba, hasta que sus amigos le dijeran Carlos y no “señor gobernador”; y nadie podía contradecirlo, so pena de recibir una “regañada”, al menos, porque él era un sabelotodo.

“¡Ese cabrón es un corrupto, es un ratero!”, tronó una noche en su casa del Obraje.

–No, Carlos, estás mal informado, él es honesto lo conozco desde hace muchos años–.

“¡No, no es cierto, es un corrupto y lo voy a correr!”.

–No, Carlos, te están mintiendo, que te den pruebas de lo que te dicen, tú mismo lo felicitaste porque te apoyó en tu campaña–

“¡No, a mí nadie me apoyó, no le debo nada a nadie, yo gané porque la ciudadanía votó por mí, ese es corrupto y lo voy a correr!”

–Bueno, tú eres el gobernador y lo puedes hacer–.

“¡Si quieres te lo comisiono a ti y con doble sueldo!”.

–No, tú sabes que yo estoy en contra de eso, ni él ni yo nos sentiríamos a gusto–.

Miguel Romo Medina, ahí presente, sólo movía la cabeza en silencio, “Barajitas” se alejó varios metros “para no ver ni oír”.

Días después “El Patrón” cumplió su perverso capricho: corrió a uno de sus aliados y, la verdad, no puedo evitar que esa persona hoy celebre no sólo el fin de su gobierno sino su estrepitoso fracaso como titular del Poder Ejecutivo. Ya comienzan las acusaciones de “corrupción y enriquecimiento inexplicable”:

“Su casa la extendió mil y tantos metros, sus ranchos antes tan modestos, los convirtió en elegantes haciendas, compró cientos de cabezas de fino ganado, su hijo, José Carlos, era el que cobraba los moches y los diezmos, es socio de fulano, de merengano y de perengano, lo van a perseguir como a Javier Duar-te y va a parar en la cárcel como Guillermo Padrés”, etcétera.

Sí, hay muchos priístas dolidos que le van a cobrar facturas porque “además le dio en la madre a nuestro partido, por su soberbia perdimos mayoría en el Congreso del Estado, perdimos alcaldías y hasta la gubernatura, él fue el verdugo de Lorena”, etcétera.

“¡PENDEJOS, LA PLAZA ESTÁ LLENA!”

Era su primera corrida de toros como gobernador, la plaza estaba a poco menos de la mitad, la afición le había hecho el fuchi al cartel, que no auguraba más que el fracaso.

Los güisquis corrían generosamente en el palco oficial y en una de esas “El Patrón” le pregunta a la persona que estaba a su lado izquierdo –su nombre no lo recuerdo–:

“Cómo ves la plaza, hay mucha gente ¿verdad?”

–Pues no, no es mucha, yo veo poco menos de la mitad–.

“Y tú, Sergio, ¿cómo la ves?”.

–Pues yo también la veo con poco menos de la mitad–.

Entonces el gobernador, “encabronado”, tronó:

“¡Pendejos, la plaza está llena, llena de conocedores, no de villamelones!”.

Los dos regañados guardaron silencio: sin querer le habían aguado la fiesta a “El Patrón”, que mitigó su coraje con más güisquis.

DÍAS DESPUÉS…

La plaza estaba a “medios chiles”, también “El Patrón”, quien le volvió a preguntar a su secretario general de Gobierno:

Sergio, ¿cómo ves la plaza?”.

Y Sergio le contestó a botepronto:

– “Hasta la madre de gente!”–.

“¡Qué pronto aprendiste, cabrón!”,  remató “El Patrón”.

Y sí, quienes lo acompañaron en todo su sexenio, pronto aprendieron a no contradecirlo:

“¿Qué horas son Marcial?

– Las que usted diga, señor gobernador–.

Pero a partir de hoy, las cosas, sin lugar a dudas, van a cambiar porque ahora “el señor gobernador ya no es Carlos”, ahora “el señor gobernador es Martín”.

El pedo es cíclico.

Y CON ESTA ME DESPIDO…

Hoy, jueves 1 de diciembre, toma posesión el gobernador número 41 del Estado de Aguascalientes (el primero fue Pedro José García Rojas 1835-1836): Martín Orozco Sandoval, nacido el 25 de junio de 1967 en Santa María de los Ángeles, Jalisco.

Y entre sus amigos y colaboradores ya comenzó a brotar la inconformidad y desilusión porque en su gabinete hay muchos que ni son panistas y porque el cargo de secretario general de Gobierno –el primero más importante después del de gobernador– le fue otorgado al exal-calde de Calvillo, Javier Luévano Nú-ñez, que no sólo tiene fama de corrupto y de haber impulsado la drogadicción, el alcoholismo, la prostitución durante su gobierno, sino que es un conocido borrachín (que al menos en una ocasión ha sido detenido por conducir ebrio vehículos de motor) además de sólo haber cursado el séptimo semestre de diseñador gráfico.

Pero bueno, así es el abarrote: ayer Martín Orozco destapó a los primeros funcionarios de su gabinete:

General Eduardo Bahena Pineda, Secretario de Seguridad Pública, hasta la llegada del próximo Secretario.

Javier Luévano Núñez, Secretario General de Gobierno.

Luis Ricardo Martínez Castañeda, Secretario de Finanzas.

Alberto Francisco Aldape Barrios, Secretario de Desarrollo Económico.

José René Anguiano Martínez, Secretario de Salud.

Julio César Medina, Secretario del Medio Ambiente.

Armando Roque Cruz, Secretario de Gestión Urbanística y Ordenamiento Territorial.

Martha Márquez Alvarado, Secretaria de Bienestar y Desarrollo Social.

José de Jesús Altamira, Secretario de Infraestructura y Comunicaciones.

Manuel Alejandro González Mar-tínez, Secretario de Desarrollo Rural y Agroempresarial.

Irma Medrano Parada, Secretaria de Turismo.

Óscar Benjamín Aragón Jiménez, Coordinación Estatal de Planeación y Proyectos.

Juan Francisco Larios Esparza, Oficialía Mayor.

Miguel Ángel Martínez Berumen, Secretario de Fiscalización y Rendición de Cuentas.

Karla María Gallegos Castañeda, Secretaria de la Juventud.

Gustavo Martínez Romero, Coordinador de Gabinete.

Araceli Orozco Rodríguez; Secretaria Particular.

Y Adriana Jurado Valadez, Coordinación de Comunicación Social.

Hoy pues, se comienza a escribir una nueva historia sexenal en la tierra de la gente buena: “El regalito del cielo”.

* (Columna publicada inicialmente en el semanario hermano TRIBUNA LIBRE el pasado jueves 1).

Publicado en: Página 24

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